Que se entere el mundo y la gente y los peces, que se enteren las figuritas que adornan viejas y empolvadas estanterías, que no esperaré ni un segundo a sentir de nuevo esa fragancia aterciopelada, ese resurgir de sentimiento nuevo que abordará y abordaré en mil segundos mal contados las respuestas inequívocas que nos precipitaron al vacío.
Que si el mundo entero desiste a vestirse de gala, las heridas sangrantes tomarán el poder, y solo quedará, entre quienes resurgimos de la poesía el silencio, el blanco el negro, el incesante oscilar que nos precipita a la nada.
Blanca la vida
Blanco el aire y los pájaros
Y los coches amarillos.
El perro... Un microrrelato
Hace 2 semanas
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